jueves, 7 de abril de 2011

         

    
La fiebre del oro en SanturbánPor: Alfredo Molano Jimeno / Enviado Especial

Santander, entre el progreso y la deforestación. Crónica de la explotación aurifera en alta montaña.


Si se otorga la licencia ambiental, esta será la última foto del páramo.. Foto: Gabriel Aponte.

El páramo de Santurbán, donde nace el agua que alimenta a Bucaramanga y otras zonas de Santander, vive un nuevo reto: la minería a gran escala, una de las locomotoras que ha anunciado el gobierno.

La Serranía de Santurbán, en Santander, se encuentra en el centro del debate sobre los efectos de la explotación minera en el país. Lo que está de fondo es una puja entre el desarrollo minero energético, materializado por el presidente Santos como una de las locomotoras de la economía, y la riqueza natural y biodiversa de Colombia. Dos posturas legítimas que se contraponen y sobre las que el mismo Presidente se ha referido como la gran pregunta que se hace el mundo: ¿Cómo conciliar estas dos miradas sobre el planeta? La una propone que a pesar de los efectos ambientales es mayor el beneficio y el progreso, y la otra asume que el irreversible daño que causan estos proyectos dejará a un país desértico y raído.

A unas pocas horas de Bucaramanga, por la carretera que de Santander conduce al Norte de Santander, se encuentra la Serranía de Santurbán, de 92 mil hectáreas, que se entrelaza con el cielo, un banco de niebla donde nace el agua que alimenta algunas zonas de los dos departamentos. Allí la explotación de oro es una práctica antigua. Desde la Colonia, estas montañas han sido escarbadas para sacar el precioso mineral, pero ellas se niegan y lo guardan en sus entrañas. Tan sólo pequeñas cantidades son expulsadas a través de las corrientes internas de la tierra y van a parar en los ríos que se forman en la falda de la montaña.

Desde la mitad de la década de los 90 empezó el boom de las transnacionales mineras. Muchas fueron las compañías que pusieron el ojo en Santander, entre esas la poderosa Greystar Resources Ltd. Una multinacional canadiense de la cual la Corporación Financiera Internacional (ICF, en inglés), agencia del Banco Mundial que invierte en proyectos privados, es el mayor accionista, con el 11%, así como el JP Morgan, uno de los bancos más grandes del mundo.

En uno de los picos de esta serranía, a 3.900 metros de altura, la Greystar clavó la bandera y lo bautizó Proyecto de Angostura. Hoy, esta compañía está a la espera de que el Ministerio de Medio Ambiente le otorgue la licencia ambiental que permitiría empezar la etapa de explotación, la cual duraría hasta 2025, pero los movimientos ambientalistas han puesto el grito en el cielo y hasta el procurador Alejandro Ordóñez, hace dos días, sentó su posición, al pedirle al Ministerio de Ambiente estudiar la posibilidad de no otorgara la licencia, a pesar de que el nuevo código minero prohibió la minería de alta montaña, este marco normativo no aplica para el Proyecto de Angostura, ya que cuando se otorgó no existía ninguna prohibición al respecto.

El Proyecto de Angostura

En 1994 la Greystar llegó a Santurbán. Sobre la falda de la montaña, en el municipio de California —llamado así seguramente buscando replicar lo que se vivió Estado Unidos en los años 20—, se encuentra la sede del proyecto. En el casco urbano de este municipio habitan más de 1.850 personas, la mayoría dedicadas a la minería. Aquí la gente apoya a la compañía, a todas las compañías que han llegado en busca de oro, que son más de cinco y que con sus subcontratistas pasan de las diez empresas.

La Greystar ha adquirido los derechos mineros de más de 30 mil hectáreas en la zona, pero el Proyecto de Angostura sólo utilizará mil y en el proceso de exploración que ya cumple 15 años ya han invertido más de 100 millones de dólares. Según la compañía, en esas mil hectáreas se estima que hay más de 7,7 millones de onzas de oro —16 toneladas de oro anuales— y cerca de 80 millones de onzas de plata —72 toneladas anuales—, lo cual convierte a esta zona en uno de los depósitos más grandes de oro de Suramérica. Sin embargo, los ambientalistas advierten que allí hay 100.000 veces más de arsénico que de oro, y se preguntan a dónde ira a parar todo ese mineral tóxico.

El impacto ambiental

“Nadie puede negar que la extracción de oro, y este proyecto específicamente, tiene un fuerte impacto ambiental, pero lo que hay que sopesar son los beneficios sociales y económicos que brinda la minería”, explica uno de los ingenieros de la Greystar.

Por su parte, el Comité para la Defensa del Páramo de Santurbán, constituido por asociaciones de ambientalistas, sindicatos, estudiantes, académicos, la Sociedad Santandereana de Ingenieros, la Sociedad de Mejoras Públicas, Fenalco Santander y partidos políticos como los Verdes y el Polo Democrático, se están oponiendo al proyecto, argumentando que habrá un daño irreversible en las fuentes hídricas que nutren el área metropolitana. “El comité no está en contra de los proyectos mineros, está en contra de los proyectos que afectan la posibilidad presente y futura del agua para el área metropolitana y algunas poblaciones del departamento y Norte de Santander. Estamos planteando propuestas de desarrollo alternativo para la región”, sostiene Luis Carlos Estupiñán, uno de los miembros del comité.

El proyecto plantea abrir un tajo de 220 hectáreas con una profundidad de 200 metros en la parte más alta del la montaña, de donde va a salir el oro. Además, se harán dos espacios para el tratamiento de las sustancias tóxicas que se utilizan en el proceso de extracción del mineral: uno tendrá 110 hectáreas, sobre la quebrada Angosturas, y el otro 90 hectáreas, sobre la quebrada Páez. Las dos quebradas caen al río Suratá. Los ingenieros de la compañía aseguran que no hay posibilidad científica de que haya filtraciones de las sustancias tóxicas, ya que se pretende hacer una impermeabilización con tecnología de punta

ensayo

¿Qué son los páramos?

A grandes rasgos, el páramo es un ecosistema tropical de montaña que se desarrolla por encima del área del bosque y tiene su límite en las nieves perpetuas. En los Andes, los páramos se encuentran desde la cordillera de Mérida (Venezuela), atravesando las cadenas montañosas de Colombia y Ecuador, hasta la depresión de Huancabamba (Perú).
No obstante, sus peculiares y diferentes características han llevado a muchas definiciones y clasificaciones sobre este singular ecosistema. Esto también se basa en criterios diversos, como el tipo de vegetación, los elementos climáticos, las variables de latitud, altitud, humedad, su estado de conservación, su ocupación, entre otros. Su alta heterogeneidad ambiental y sociocultural hace que la caracterización del páramo sea un tema en permanente discusión.
Algunos estudios plantean que la conformación actual del páramo puede tener influencia de la ocupación y de las actividades humanas, y existen investigaciones acerca del papel del uso del fuego en este proceso. Actualmente se investiga sobre dónde está el límite original del bosque y cuál es el grado de conservación que debe tener un páramo para que pueda seguir denominándose como tal.
Pero más allá de los debates científicos y desacuerdos, el páramo ha sido reconocido por sus importantes funciones ecológicas y por los servicios ambientales que brinda. La regulación del ciclo hidrológico, el almacenamiento de carbono atmosférico, y su posición como corredor biológico para diversas especies de flora y fauna, lo convierten en un ecosistema vital para la región andina. 
Además, los páramos son el hogar de numerosas comunidades indígenas y campesinas de herencia ancestral, y quienes son claves en la conservación de estos territorios.
Nuestro propósito en este Mecanismo de Información de Páramos (MIP) es facilitar un espacio de intercambio y discusión que incluya la variedad de perspectivas y tendencias relativas a los páramos bajo el compromiso de fomentar la cooperación para la valoración y conservación de este ecosistema.
Para mayor información, consulte la versión digital del libro Los Páramos del Mundo, aquí en el MIP
          

paramos

Los páramos son espacios de nieblas, lloviznas y arremolineantes nubes adheridas a las rocas y al viento. Lugares encubiertos, sombríos, ignotos, donde los horizontes se multiplican y la totalidad se hace patente. El páramo reúne en torno suyo las energías de la vida y el hombre las ha vinculado siempre a sus dioses, a esas fuerzas que no acaba de entender o dominar (Josan, 1982).Los páramos son sistemas naturales complejos y variados de alta montaña, los cuales se encuentran por encima del límite superior de los bosques alto andinos. Desde el punto de vista funcional, biogeográfico y de vegetación, los páramos se clasifican en subpáramo, páramo propiamente dicho y superpáramo.
ZONAS DE PROTECCION ESPECIAL - MARCO LEGAL
Para la protección de los páramos del país se encuentran principios ambientales en la Ley 99 de 1993, la cual establece que las zonas de páramos, subpáramos, los nacimientos de agua y las zonas de recarga de acuíferos serán de protección especial.Así mismo, el Ministerio del Medio Ambiente, a través de la Dirección Técnica de Ecosistemas, trabaja en un proyecto normativo para la protección y uso sustentable de estos ecosistemas, en el marco de los programas mejor agua y ecosistemas estratégicos de la Política Nacional Ambiental.
Los páramos son espacios de nieblas, lloviznas y arremolineantes nubes adheridas a las rocas y al viento. Lugares encubiertos, sombríos, ignotos, donde los horizontes se multiplican y la totalidad se hace patente. El páramo reúne en torno suyo las energías de la vida y el hombre las ha vinculado siempre a sus dioses, a esas fuerzas que no acaba de entender o dominar (Josan, 1982).Los páramos son sistemas naturales complejos y variados de alta montaña, los cuales se encuentran por encima del límite superior de los bosques alto andinos. Desde el punto de vista funcional, biogeográfico y de vegetación, los páramos se clasifican en subpáramo, páramo propiamente dicho y superpáramo.
ZONAS DE PROTECCION ESPECIAL - MARCO LEGAL
Para la protección de los páramos del país se encuentran principios ambientales en la Ley 99 de 1993, la cual establece que las zonas de páramos, subpáramos, los nacimientos de agua y las zonas de recarga de acuíferos serán de protección especial.Así mismo, el Ministerio del Medio Ambiente, a través de la Dirección Técnica de Ecosistemas, trabaja en un proyecto normativo para la protección y uso sustentable de estos ecosistemas, en el marco de los programas mejor agua y ecosistemas estratégicos de la Política Nacional Ambiental